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| Número 11- Septiembre 2000 |
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Nuevas Tecnologías y Educación: Director Ejecutivo del Centro
Cultural de Intercambio Cultural, Inc. (CCIAV) "Estoy sentado en un conten del barrio/
como hace un siglo atrás/ Carlos Varela
El tríptico de la sostenibilidad de toda actividad social e institucionalmente sana, en una sociedad pluralista, sigue descansando -en el caso de la educación- en la relación armónica entre economía, medio ambiente y equidad, ejes de cualquier discusión a profundidad sobre este problema. El país ha quedado sensible -poco menos que estupefacto- con las revelaciones de la Ministra de Educación y actual Vicepresidente de la República, de que el Estado Dominicano invierte apenas RD$4.00 anuales por año en cada estudiante del sistema escolar, equivalente a unos 0.26 centavos de dólar. El aula -presencial o virtual- sigue siendo el entorno donde se desarrolla la actividad de descubrimiento, de reencuentro entre pasado, presente y futuro, los empalmes entre lo global y lo local, el acervo creado y las interrogantes para superar las limitaciones de comprensión de un mundo cada vez más veloz, complejo; el lugar donde se apuesta a conquistar la gloria del asombro, la eternidad en el parnaso, la concreción de lo científico-tecnológico, el desarrollo de las habilidades para pensar y crear; para improvisar y jugar y para ajustarse a las pautas también mutantes del grupo. Lo que ha virado con la fiereza de una lancha rápida es lo que se espera de cada uno de esos niños y adolescentes en la calle, en sus casas, en los planes de apertura e integración a los bloques económicos; en el tipo de relación con los 2.6 millones de turistas anuales que visitan este país, con la avalancha de oportunidades, la imposibilidad de construir el futuro a golpe de tiza y borrador, mientras que -al mismo tiempo- se habla en el mercado de trabajo de una traba cada vez más inextricable entre las pequeñas economías insulares y del Sur, en sentido amplio, y los ejes de desarrollo de los países centrales. Proveer al país y al mundo de un sujeto con capacidad de sensibilizar y sensibilizarse ante la brecha de las inequidades de nuestra sociedad; continuar creando riqueza; cuestionando y apreciando desde las artes y las letras, al tiempo de tomar partido por una profunda revisión de las políticas públicas en materia de ciencia y tecnología, constituyendo tales iniciativas y retos más allá de las rutinas aprendidas por los tomadores de decisiones en el sector público a lo largo de todo el siglo XX, para colocar a los ciudadanos dominicanos más allá de la prehistoria, de la participación creativa en la definición del perfil de escuela y de nación que queremos, partiendo del rol que jugaran los actores del proceso educativo en las nuevas modalidades de búsqueda, exploración, transmisión, fijación y creación de conocimiento, reforzadas por la interacción hombre-máquina. El escenario actual no es -obviamente- el circo de pontífices y futurólogos que algunos deseaban en los sesentas con Toffler, pero tampoco es la antesala de Apocalípsis alguno (salvo en lo que respecta al final del camino del liderazgo mesiánico en la República Dominicana). Es tiempo de escucharnos unos a otros, sin más pretensión que hacer navegable la embarcación de la nación en sus alternativas a la modernidad, a esa modernidad tantas veces caricaturizada, instrumentalizada y mal entendida y en la cual, sin embargo, tal y como lo han mostrado en más de un sentido las experiencias sudamericanas, en la materia los tránsfugas, los piratas y los importadores de formulas mágicas no tienen más cancha en este proceso de construcción social. También es tiempo de crear y "rascarse con sus propias uñas", vista la importancia estratégica de los secretos comerciales, los derechos autorales y las patentes de invención, en la sociedad de la información. La tecnología en un país que no la produce -sino que se contenta con importar- podría requerir de cuantiosas inversiones, en un país que posee aún -dependiendo de quién lleve las estimaciones- entre un 25 y un 40% de población iletrada; lo cual, tomando en consideración las tendencias del mercado de trabajo, constituye el segmento demográfico de más alto riesgo de constituirse en non personae, a la luz de los procesos migratorios de mano de obra barata para tareas de bajo nivel de especialización, entre Haití y República dominicana. El desarrollo futuro -la inserción de la República Dominicana en el mercado global y regional, su nivel de éxito y pertinencia-, tendrá un fuerte peso de los factores o componentes tecnológicos, tal y como ocurrió en los modelos de desarrollo de las economías emergentes del sudoeste asiático. La escuela y la creatividad están llamadas a desempeñar nuevos roles, para adecuar la capacidad instalada en la educación dominicana a la tarea impostergable del pleno acceso a la educación básica, a la tecno-vocacional y a la producción de soluciones a problemas de bajo nivel de estructuración, partiendo del desarrollo de la educación artística. El enfoque de esta intervención de Majó abordó muy diversos tópicos de esta problemática aunque, en lo particular, recuperaremos -para fines de nuestros comentarios relativos al caso dominicano- tres ideas que entendemos capitales para el debate nacional y latinoamericano:
¿A qué distancia y velocidad está la República Dominicana del hoy-aquí-ahora de sus competidores o aliados más cercanos, en términos de afinidad y diversidad de productos en oferta, similares niveles de analfabetismo, niveles similares de industrialización o de capacitación del personal docente? ¿Cuáles son los canales de la educación ambiental que están haciendo causa común con el sistema educativo formal para notificar, alertar o contribuir al cambio de actitud del hombre o mujer de la calle sobre esta cuestión? ¿Apoyándose en qué referentes internacionales y en qué estrategias? ¿Qué papel jugarán las industrias mediáticas en la redefinición de una política de desarrollo en tal sentido? ¿Con qué tipo de incentivos? y ¿Con qué resultados? ¿En qué medida la actividad gremial y el maestro -técnico y ciudadano-, junto a las organizaciones de la sociedad civil, han internalizado la magnitud del cambio que supondría la inserción del componente tecnológico en las aulas dominicanas? ¿Con que resultados? ¿Cuál es el escenario de resistencia a esos cambios? ¿Cómo se habrá de cubrir esa brecha? ¿A qué costo? Son algunas de las cuestiones que motivan esta participación en el debate sobre la conferencia en particular, y sobre el tema, en sentido general.
"Cuando el más remoto rincón del globo ha sido técnicamente conquistado y económicamente explotado; cuando cualquier acontecimiento en cualquier lugar y en cualquier momento, es accesible a cualquier velocidad;(...) cuando el tiempo es sólo velocidad, momentaneidad, simultaneidad (...), entonces resuenan, como fantasmas a través de estas sombras, las preguntas: ¿para qué?, ¿hacia dónde?, y luego, ¿qué?(...) " Heidegger La magnitud y celeridad de los cambios a los que se verá sometido el aparato escolar -si realmente se desea el impacto de los saberes formalizados en la competitividad y en la capacidad de acrecentar los niveles de participación popular en las decisiones que afectaran a toda la nación-, en un futuro requierán respuestas confiables a muchas de las cuestiones que señaláramos anteriormente. El punto de partida de Majó es definir las modalidades y prioridades en que cambiará la escuela, para responder a los poliestímulos del nuevo entorno (identificado como sociedad del conocimiento o también, la desmaterialización de las transacciones), posibilitando así la gerencia remota; razón por la cual muchas personas trabajaran -y trabajan, de hecho, en muchos lugares del mundo- sin interactuar y, en ocasiones, sin haber visto nunca a su empleador, al verdadero dueño, de la compañía, agencia, oficina u hotel, en el cual vende su fuerza de trabajo. Sin embargo, pese a la carga de deshumanización o alienación que ello supone, los procónsules, administradores, abogados, encargados de recursos humanos y supervisores, representan eficazmente sus intereses y fijan los controles pertinentes en cada caso. La rueda dentada del progreso no se detiene. ¿Cómo pudo suceder algo así, si se dijo siempre que: "el ojo del amo engorda el caballo"? Sencillamente porque la revolución científico-técnica permitió expandir la capacidad de trabajos con números. La informática y esa operacionalización -prácticamente ilimitada- es el primer cambio para marcar el tránsito de la era industrial a la era del conocimiento, a juicio del referido autor.. La digitalización (ahorro de espacio para almacenamiento y nuevas formas de representación de lo cognoscible) terminó absorbiendo y convirtiendo a las formas de presentación en bits de computadoras y suprimiendo la necesidades de montañas de documentos para, en una milésima del espacio necesario -con anterioridad a tal proceso-, acoger la misma información; lo cual, combinado con la miniaturización del hardware, las estaciones de trabajo y el poder de almacenamiento de las computadoras personales (PC), brindaron -a la persona o institución que las pueda comprar y las sepa manejar- una gran autonomía en sus actividades de almacenamiento, creación, consulta e intercambio de información. No obstante, cada quien es él y su lugar social. Muchos de los países de América Latina y el Caribe tienen un desarrollo industrial muy inferior al de los países centrales en 1890, tanto en términos del parque tecnológico como de la proporción de la población económicamente activa que absorben tales industrias (y ni hablar de casos como el dominicano, de la intermitencia en el suministro de electricidad y agua corriente). Aún así, postergar las inversiones del sector educativo e intentar romper la brecha sería un suicidio para cualquier nación, por más pobre que ésta sea. La hondura del cambio está presente, también, en el hecho de que nada es para siempre: la información -cuando millones de personas, centros de investigación, universidades, ONG's están haciendo (o tratando hacer) avanzar los hallazgos de las ciencias, la investigación o la tecnología- tiende a perder su consistencia, ser modificada y, finalmente, superada en tiempos récords, quedando fuera del mercado quien se aferre al pasado, lo cual ha hecho surgir un nuevo problema para la sociedad y el sistema educativo: "El sistema educativo tiene
que cambiar para abarcar la totalidad de nuestra vida, A diferencia de las culturas tribales tradicionales (donde el niño recibe de los ancianos el saber proveniente de la experiencia del "griot" y el consejo de ancianos, considerándosele un hombre hecho y derecho entre los 12 y los 16 años, cuando se inviste como guerrero, tiene su arco y sus herramientas para la pesca, alcanza a poseer su propia vivienda y puede iniciar sus actividades reproductivas, casándose con otra adolescente de su agrado), la sociedad del conocimiento -dado el prematuro envejecimiento e infuncionalidad de lo que se sabe, de lo conocido- recibe el impulso de la juventud, su curiosidad, su irreverencia y su premura por respuestas, elementos que constituyen en Occidente otra complicación para los planificadores del sistema escolar, en la medida en que reina la incertidumbre perpetua sobre el futuro y la carrera, donde el perfeccionamiento y exigencias de la vida social se proyecta como espiral sin fin -porque ni se sabe hacia dónde dirigirlo, ni tiene un techo o tope- al tiempo que los estilos de vida se multiplican como hongos tras la lluvia, producto de la atomización natural, de la sobreespecialización, en todos los campos de la actividad humana. Saber Cartesiano Vs. Cultura Mosaico: ¿De la propiedad privada de la información a la sobrecomunicación libertaria? El principal cambio, la visceralidad del mismo y el impacto de éste sobre los poderes-saberes constituidos, deviene -para Majó- en que la escuela será un centro más orientado a fortalecer el pensar crítico y creativo, a partir de la necesidad de negar lo aprendido, superar lo conocido con las herramientas del método científico, a lo largo de toda la vida y no sólo en las aulas. El conocimiento implica, en sí mismo, una pragmática de búsqueda; una vocación perpetua a la insatisfacción con los resultados obtenidos, pero por sobre todo, una negación del memorismo para centrarse en los repertorios posibles del replanteo de la realidad a partir de la interrogación, el discurso y el método científico. Al referirse a este punto, Majó sostiene, : "Es más importante
saber dónde están y cómo podemos obtenerlas Así
las cosas, la repercusión de este punto de vista se hará
sentir en: Las "botellas, botellitas y botellones", el "chivo" y otras formas de fraude, no servirán para nada en la medida en que esa información y su repetición al pie de la letra no permitan el logro de los objetivos de la nueva escuela ni la indispensable conexión entre escuela y vida productiva, que demandan las nuevas circunstancias. Por casi veinte años hemos estado yendo y viniendo, buscando, proponiendo y oyendo proponer que habría lugar en la sociedad para el alfabetismo visual del cual hablaba la doctora Dondis, de la Universidad de Miami, a principios de los 80. En aquella época, la pasión por el seguimiento de los registros fílmicos y los niveles de iconicidad eran materia de unos pocos estudiosos en RD: Feli-Frank Ayuso, Humberto Frías, Tommy García, Omar Fortuna, Onofre de la Rosa, Diógenes Céspedes, Odalís Pérez, Agustín Cortes, Leo Silverio, entre un reducido grupo de especialistas. La escuela vivió en contraposición frente a los medios electrónicos y sus formas de desestructurar conceptos en imágenes, mientras que el saber formal privilegiaba el libro como depositario de la gran cultura. Por el momento, el libro y los recursos de la imagen han tenido que hacer las paces dentro de un nuevo concepto, hijo legítimo de la digitalización: la multimedia. Finalmente, Majó augura que ese universo simbólico, a cuya influencia está sobreexpuesto cualquier ciudadano, de cualquier edad, tendrá un papel determinante en la conformación de las nuevas capacidades lectoras de los estudiantes, en la era de la información, al afirmar: " (...)ahora estamos pasando de una sociedad donde la transmisión de información ha sido fundamentalmente escrita, a una sociedad donde esta transmisión ya no será escrita. Han aparecido nuevos sistemas que tomarán protagonismo, aunque la transmisión escrita todavía existirá, a pesar de que cambiará su medio. Es lo que llamamos soportes multimedia. Tendremos que aprender a analizar el lenguaje audiovisual, ya que en el futuro nos llegará toda la información en éste..." Se habrá cumplido así el sueño de M. Feltmann y A. Moles, que establecían -a mediados de los años sesenta- que en lugar del paradigma cartesiano que edificó el vasto laberinto del conocimiento y el método científico, basándose en la rigurosidad del mismo y la flexibilidad de la hoja de papel, se daría cita la humanidad, a un paradigma mucho más esquizoide y fluido, que ellos decidieron denominar la cultura-mosaico; por medio de la cual, la yuxtaposición de visiones fragmentarias de realidad, publicidad y ficción terminarían modificando -a mayor velocidad y con menores nivel de stress- la cosmovisión de los habitantes de todo el planeta. Moles también planteó sus posturas tomando como referencia a la reforma escolar para aproximar al estudiante el mundo circundante, reduciendo el contacto con las abstracciones, el abuso de la memoria y la búsqueda rabiosa, en algunos casos, de fijar conocimiento en vez de procurar enseñar a pensar (puesto que quien sabe pensar no está perdido en ningún escenario de las esquinas del tiempo, ni vencido en ninguna circunstancia); de forma que, para aprender a sobrevivir individual y colectivamente, la velocidad, la calidad de las decisiones, las fuentes que se consulten y las destrezas decodificadoras de signos icónicos en movimiento (icona temporata), lucen como nuevas contribuciones que deberá -y está obligado a hacer- el sistema escolar a los ciudadanos/as. ¿Cómo resolverá la República Dominicana la distancia entre los excluidos del sistema escolar y la disponibilidad de recursos auxiliares para las tareas señaladas en el párrafo anterior, en los establecimientos escolares pensados para familias de altos y medianos ingresos? ¿Por cuáles nuevas vías expeditas para transmisión de inquietudes, sugerencias y proyectos expresará la sociedad civil su contribución en tal sentido? ¿Con cuáles niveles de receptividad? Hacen falta éstas y muchas otras interrogantes para que se produzcan muchas más, para que surjan comunidades que encaren -con responsabilidad y creatividad- tales desafíos, tanto en el Caribe como en el resto de América Latina y el Tercer Mundo. La indiferencia o el olvido no nos ayudarán a salir de este atolladero. [1] Joan Majó es experto de la Unión Europea en Sociedad de la Información y es el presidente de "Information Society Forum". La conferencia se celebró durante la presentación del 1er informe de las TIC en los centros de enseñanza no universitaria. Este informe es fruto de la colaboración entre la Fundación Jaume Bofill y Edulab, el Laboratorio de Innovación educativa de la UOC. |
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