De la visión a la interpretación
Escribe:
Silvia I. Demaría
La autora es
Licenciada en Artes Plásticas y profesora en el tercer ciclo de la
Educación General Básica y en el Polimodal de Comunicación, Arte y Diseño.
Investiga la representación de imágenes en los niños.
Tiempo
atrás fui a ver Los Miserables y en la mayor parte de las escenas
de este musical (basado en la obra de Víctor Hugo) me pareció estar disfrutando
de gigantescos cuadros pintados. El vestuario, la iluminación, el movimiento
de los personajes y la ubicación de los objetos sobre el escenario remitían,
continuamente, a la pintura francesa del siglo XIX y, como no podía ser
de otro modo, recurrentemente encontraba los mismos personajes que Delacroix
pintara en La Libertad guiando al Pueblo, envueltos en el humo
tricolor de la bandera francesa.
Me
puse a reflexionar acerca de cuántas veces delante de nuestros ojos
pasarán imágenes que pertenecen al legado cultural de la humanidad como
citas y ecos, camufladas o enmascaradas en medio de otros productos,
a veces artísticos y otras con fines más bien prosáicos. Quien
pueda distinguir esos destellos estéticos haga de cuenta que halló un
pequeño diamante. ¿Exagero?
Estoy
convencida de que una educación de calidad no lo es tal si falta en
ella una buena cuota de formación estética y si los jóvenes no son educados
para ver críticamente; no el simple acto de ver, sino aprender a comparar,
diferenciar, explicar verbalmente lo que se observa, a relacionar una
imagen con otra, y, al fin, interpretar.
Una
educación plástica y estética constante durante toda la educación general
básica posibilitará la apropiación por parte de los chicos de las herramientas
intelectuales necesarias para desarrollar en sí mismos criterios de
selección y elección, porque en medio de tanto oportunismo y demagogia
mediática ¿de qué otra manera podrían filtrar el aluvión de imágenes
que inunda nuestra cultura , que de todas maneras no puede ser calificada
como cultura de imágenes? (La Edad Media sí lo fue, aunque se trataran
de unas pocas imágenes en comparación con nuestra actualidad).
Las
imágenes se leen al igual que las palabras y las notas musicales, es
decir que no basta con ver, hay que comprender lo que se está
viendo situándonos unos peldaños más arriba de este acto primario de
la percepción. La comprensión de una imagen plástica, publicitaria o
cinematográfica se logra realizando un trabajo de descubrimiento capa
tras capa, como si estuviésemos pelando una cebolla.
En
un proyecto titulado “Préstamo de imágenes” que trabajo con mis alumnos,
tratamos de desentrañar cómo las imágenes son utilizadas y re-utilizadas,
cómo se entrecruzan a lo largo de la historia, de qué
manera se resignifican y qué transposiciones se producen. El
trabajo es arduo, porque en esos pequeños espacios escolares donde pareciera
atrincherarse el aprendizaje del juicio estético, el alumno (y el docente)
debe hacer el esfuerzo de interpretar diferentes expresiones artísticas
y conectarlas entre sí. La satisfacción consiste en descubrir que, a
veces, las que creíamos imágenes gratuitas y banales (¡porque
las hay en cantidad!) ocultan interesantes puertas laterales.
Vaya
aquí un sencillo ejemplo:
Habíamos
estudiado la representación de la figura humana en el Renacimiento italiano
y, dentro de los numerosos estilos que caracterizaron a los varios artistas
que pintaron y esculpieron por aquellos siglos, contraponíamos las robustas
figuras de unos con la delicadeza de otros. Dentro de este último grupo
teníamos una pintura con una mujer desnuda rodeada de otros personajes
de Botticelli. Con una larga cabellera casi dorada, la piel de mármol,
saliendo del mar en una sinuosa y aristocrática pose no podía ser menos
que una reina o una diosa. En el Nacimiento de Venus, la diosa
está parada en contrapposto, como en las esculturas greco-romanas
de la antigüedad, el peso del cuerpo recae sobre una pierna mientras
flexiona la otra, cubriendo su cuerpo con las manos; las líneas abstractas,
no naturales, se repiten en las olas del mar, los cabellos y el ropaje...
A principios
de la década del ’90 en la revista First, salió una publicidad
gráfica con una modelo rubia casi en la misma postura que la Venus
de Botticelli (creo que era la Claudia Schiffer). Allí está en
la página de la revista naciendo de una caja de embalaje de ropa interior;
esta vez no se cubre el cuerpo porque debe mostrar el producto y mira
insinuantemente al lector-receptor. El mar imita los arabescos que
usó Botticelli, pero esta vez es una textura digital a dos o tres colores
mucho más abstracta que la del quattrocentista. La analogía de las
formas, la posición de la figura principal y otros elementos secundarios
hacen que la cita que se pone en operación en la propaganda sea directa
y fácil de identificar tal como el ejemplo nombrado en Los Miserables,
pero primero el alumno debe haber conocido y estudiado al original para
poder juzgar la pertinencia de la cita o de la transposición de la imagen.
En la publicidad gráfica hay varios de estos casos, en los que la influencia
artística proviene de la pintura. En cambio, en los films o películas
abundan más las referencias al propio género (a excepción de directores
que aportan una fuerte formación pictórica). Por lo general, se toman
secuencias de clásicos como Metrópolis (Lang, 1926), El acorazado
Potemkin (Eisenstein, 1925) -probablemente una de las películas
más citadas-, Citizen Kane (Wells, 1941), Psicosis (Hitchcock,
1960), Un perro andaluz (Buñuel y Dalí, 1929).
Trabajar
con imágenes fílmicas o de video conlleva un esfuerzo extra, que consiste
en disponer de más tiempo que el habitual para ver por primera vez la
secuencia seleccionada -que quizás dure 2 ó 3 minutos o quizás dure
20- y luego volver a examinarla. Posiblemente, el conocimiento previo
que los jóvenes tengan sobre filmografía clásica sea menor que el de
películas de actualidad, a menos que hayan sido especialmente estimulados
en este arte en su hogar. Por otro lado, aquellos films no tienen proyección
habitual en los canales de televisión, a diferencia de las películas
de acción, aventuras y ciencia ficción. Otro aspecto, entonces, a tener
en cuenta es que el docente que trabaja con medios sabe que, por lo
general, deberá proveer la mayor parte del material de estudio.
Analicemos
ahora un ejemplo de comparación entre una pintura y un film.
¿En
qué punto podemos relacionar El matrimonio Arnolfini, de van
Eyck con Blade Runner, de Ridley Scott? Parece una asociación
imposible, pero después de haber visto la película una docena de veces
me di cuenta de que la escena en que Deckard (Harrison Ford)
amplía hasta lo indescriptible una fotografía, él –y nosotros- descubre
que la habitación fotografiada tiene un espejo circular que refleja
la imagen virtual de alguien (una replicante) que no está en
la escena. En el cuadro de van Eyck, poblado de figuras, también hay
un espejo convexo en la pared del fondo que nos devuelve la imagen de
dos personas no retratadas. Al igual que en la foto que examina pacientemente
Deckard, plano tras plano nosotros miramos el cuadro deteniéndonos en
cada objeto hasta llegar al fondo. Sorprendentemente, la foto muestra
ciertos detalles muy propios de los interiores holandeses de la época
de Jan van Eyck, que fue un pintor flamenco.
En
este punto el docente de Artística tendrá suficiente material para trabajar,
desde dos puntas, numerosos contenidos de plástica: la pintura renacentista
(especialmente la flamenca, que difiere en ciertos aspectos de la italiana)
y el espacio cinematográfico, la representación naturalista, el espacio
ilusorio, la óptica, imágenes fijas y en movimiento, la ambientación
(un interior burgués contrapuesto a un interior de hotel con futuro
decadente) y, en suma, todo aquello que crea pertinente o que pueda
agregar a partir de una excusa.
¡Cuántas
cosas hay por develar! A lo mejor exageré cuando dije lo del diamante,
pero hay que buscarlo de todas maneras. Las imágenes están ahí, esperándono;
muchos artistas han hecho bien su trabajo y nos están invitando a descubrirlas
junto a nuestros alumnos. ¿Qué tal ese constructivismo ruso afichista
en una presentación de América TV?
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