Un cura
amigo, que en sus años mozos era entrenador de rugby de los alumnos del colegio donde
residía, solía decirles a sus dirigidos, antes de empezar cada partido, que debían
estar tranquilos y aplicar el principio evangélico que dice que «es mejor dar que
recibir».
Bromas aparte, en Internet -y más precisamente en la Web- podemos decir que se
presenta una situación similar.
En efecto, la mayoría de la gente que se acerca por primera vez a Internet,
resalta lo maravilloso que es el hecho de poder obtener información prácticamente de
cualquier tema, desde los más usuales e importantes para nuestro quehacer hasta los más
exóticos e intrascendentes. La esencia de Internet es justamente eso: poder compartir
información en cualquier momento y lugar.
Consecuentemente están quienes solicitan información, y quienes la suministran.
Esa «conversación» que se establece entre dos computadoras es lo que genéricamente se
conoce como arquitectura «cliente/servidor».
Sin embargo, nada impide que los roles de cliente y de servidor se intercambien, y
quien solicitó algún tipo de información pueda también brindarla, o que quien la
suministraba sea ahora quien la solicite.
Esta característica, la colaboración, es quizás una de las grandes ventajas que
tiene la Web con respecto a cualquier otro medio de comunicación, ya que prácticamente
cualquier individuo, con un costo casi nulo, puede dar a conocer sus ideas, sean estas
excelentes, buenas, mediocres o malas, sin casi ningún tipo de censura (lo cual será
tema para otro artículo).
Cualquiera que haya querido dar a luz sus pensamientos a través de los medios
tradicionales (libros, radio, TV, cable, etc.) sabe del considerable costo que debe
afrontar en el caso de hacerlo en forma independiente.
En contrapartida, la publicación en la Web prácticamente no tiene erogación
para el usuario. Analicémoslo: si Ud. tiene escrito su trabajo, por ejemplo en alguna
versión vieja de Word, debería darle formato para que ese documento se transforme en una
página web. Existen cientos de programas shareware o freeware, o los gratuitos Microsoft
Front Page Express o Netscape Composer, que le permiten confeccionar rápida y
sencillamente su página.
Luego deberá «subir» este documento a un servidor que le permita hospedar el
mismo con su correspondiente dirección (http://www.......). Desde los populares y
genéricos Geocities (www.geocities.com) y Xoom (www.xoom.com) a los más específicos
como el del Ministerio de Educación de la Nación (www.mcye.gov.ar) ofrecen en forma
gratuita esta posibilidad, variando en cada caso el límite de megas que se podrán subir,
pero siempre más que suficientes para nuestros trabajos.
Obviamente, para realizar este proceso de «subida» de la página se deberá
estar conectado a Internet. Si no se posee una cuenta a un proveedor local, en muchas
localidades existe la posibilidad de acceder a una institución pública (como el caso de
la Biblioteca Nacional de Maestros, en la Ciudad de Buenos Aires, o los Centros de
Tecnología y Comunicación que ha inaugurado la Secretaría de Comunicaciones en varias
ciudades del interior del país) desde donde, también en forma gratuita se podrá subir
la página en cuestión. Otra forma, si no se dispone de una cuenta a un proveedor, es
concurrir a un Cibercafé, donde la hora de conexión ronda los $ 8. En este sentido es
oportuno señalar que la subida de una página es cuestión de unos pocos minutos, y salvo
que el trabajo requiera una actualización constante, sólo será necesario subir el mismo
una vez. Finalmente, en el último mes ha salido a la paklestra un nuevo servicio ofrecido
por cuatro empresas (iCero, Tutopia, RedAlternativa y Uyuyuy) que ofrecen acceso gratuito
a Internet, con lo cual el usuario sólo paga el costo telefónico.
Siendo entonces una cuestión relativamente simple en lo técnico y casi gratuita
en lo económico, lo que realmente queda por señalar es que lo importante es el
contenido. ¿Tenemos algo útil y trascendente para publicar?
Muchas veces, en los cursos de perfeccionamiento docente, me preguntan por qué
hay tan pocos contenidos locales apropiados para el curriculo escolar. Parece ser la
pregunta del huevo y la gallina, ya que si los docentes argentinos no se animan a publicar
sus páginas, es muy poco probable que otros, de diferentes nacionalidades y/o intereses
lo hagan, y consecuentemente Internet no se utilizará en el ámbito educativo por falta
de contenidos.
Alguno podrá objetar esto señalando que durante muchos años las editoriales
tradicionales publicaron los famosos manuales que abordaban los programas oficiales, y que
no era necesario «cada maestrito con su librito». Es cierto, pero también es cierto que
esos manuales se vendían. Tenían (y tienen) un rédito económico. Por el contrario, la
publicación de una página web, en la abrumadora mayoría de los casos (y en la casi
totalidad de los de Argentina o los dedicados a la educación) no reporta beneficio
económico alguno.
Muchos colegios tienen hoy su página web. Algunas hechas por los alumnos, otras
por los profesores de computación. Casi todas son institucionales: nos describen la
historia de la institución, sus autoridades, los horarios, los niveles, las actividades
extracurriculares, etc. Pareciera ser una cuestión de marketing, de decir «mi colegio
está en la Web (y quizás consiga alguna inscripción en nuestra alicaída matrícula)».
Pocos son los casos de aquellas escuelas que, además de lo institucional, han dado cabida
a trabajos de investigación por parte de los alumnos y/o profesores.
Imaginemos por un momento que, de los miles de trabajos monográficos que los
profesores argentinos encargan anualmente a sus alumnos (y que en muchos casos ni se
corrigen, para ser sinceros), se publicasen en la Web sólo una décima parte. Seguramente
tendríamos una extraordinaria biblioteca disponible para todo aquel que se conectase a
Internet. Pues bien, de eso se trata. No es utópico pensarlo, ni menos aún llevarlo a la
práctica.
Simplemente
pongamos, cada uno en nuestros respectivos colegios, manos a la obra, y comencemos a
desarrollar y luego publicar contenidos. Pensemos por un instante en las caras de nuestros
alumnos cuando presentan sus trabajos en las Ferias de Ciencias a la consideración de los
demás. El sólo hecho de «mostrarse» los hace más prolijos y cuidadosos en la
realización de los trabajos. Pensemos en esa gran audiencia que es Internet, y
decidámonos a hacerlo. Ahora, no lo dejemos para el próximo ciclo lectivo. |