Número 5 - Marzo 2000

La Web: es mejor dar que recibir

Escribe: Jorge Rey Valzacchi

Nacido en 1956 en la Ciudad de Buenos Aires, es Licenciado en Sistemas con un posgrado en Tecnología Educativa. Dedicado en exclusividad a esta temática desde 1982. Director de la Organización Horizonte Informática Educativa. Director Académico de las Jornadas de Informática Educativa (JIE's). Autor del libro "Internet y Educacíón: aprendiendo y enseñando en los espacios virtuales".


    Un cura amigo, que en sus años mozos era entrenador de rugby de los alumnos del colegio donde residía, solía decirles a sus dirigidos, antes de empezar cada partido, que debían estar tranquilos y aplicar el principio evangélico que dice que «es mejor dar que recibir».

    Bromas aparte, en Internet -y más precisamente en la Web- podemos decir que se presenta una situación similar.

    En efecto, la mayoría de la gente que se acerca por primera vez a Internet, resalta lo maravilloso que es el hecho de poder obtener información prácticamente de cualquier tema, desde los más usuales e importantes para nuestro quehacer hasta los más exóticos e intrascendentes. La esencia de Internet es justamente eso: poder compartir información en cualquier momento y lugar.

    Consecuentemente están quienes solicitan información, y quienes la suministran. Esa «conversación» que se establece entre dos computadoras es lo que genéricamente se conoce como arquitectura «cliente/servidor».

    Sin embargo, nada impide que los roles de cliente y de servidor se intercambien, y quien solicitó algún tipo de información pueda también brindarla, o que quien la suministraba sea ahora quien la solicite.

    Esta característica, la colaboración, es quizás una de las grandes ventajas que tiene la Web con respecto a cualquier otro medio de comunicación, ya que prácticamente cualquier individuo, con un costo casi nulo, puede dar a conocer sus ideas, sean estas excelentes, buenas, mediocres o malas, sin casi ningún tipo de censura (lo cual será tema para otro artículo).

    Cualquiera que haya querido dar a luz sus pensamientos a través de los medios tradicionales (libros, radio, TV, cable, etc.) sabe del considerable costo que debe afrontar en el caso de hacerlo en forma independiente.

    En contrapartida, la publicación en la Web prácticamente no tiene erogación para el usuario. Analicémoslo: si Ud. tiene escrito su trabajo, por ejemplo en alguna versión vieja de Word, debería darle formato para que ese documento se transforme en una página web. Existen cientos de programas shareware o freeware, o los gratuitos Microsoft Front Page Express o Netscape Composer, que le permiten confeccionar rápida y sencillamente su página.

    Luego deberá «subir» este documento a un servidor que le permita hospedar el mismo con su correspondiente dirección (http://www.......). Desde los populares y genéricos Geocities (www.geocities.com) y Xoom (www.xoom.com) a los más específicos como el del Ministerio de Educación de la Nación (www.mcye.gov.ar) ofrecen en forma gratuita esta posibilidad, variando en cada caso el límite de megas que se podrán subir, pero siempre más que suficientes para nuestros trabajos.

    Obviamente, para realizar este proceso de «subida» de la página se deberá estar conectado a Internet. Si no se posee una cuenta a un proveedor local, en muchas localidades existe la posibilidad de acceder a una institución pública (como el caso de la Biblioteca Nacional de Maestros, en la Ciudad de Buenos Aires, o los Centros de Tecnología y Comunicación que ha inaugurado la Secretaría de Comunicaciones en varias ciudades del interior del país) desde donde, también en forma gratuita se podrá subir la página en cuestión. Otra forma, si no se dispone de una cuenta a un proveedor, es concurrir a un Cibercafé, donde la hora de conexión ronda los $ 8. En este sentido es oportuno señalar que la subida de una página es cuestión de unos pocos minutos, y salvo que el trabajo requiera una actualización constante, sólo será necesario subir el mismo una vez. Finalmente, en el último mes ha salido a la paklestra un nuevo servicio ofrecido por cuatro empresas (iCero, Tutopia, RedAlternativa y Uyuyuy) que ofrecen acceso gratuito a Internet, con lo cual el usuario sólo paga el costo telefónico.

    Siendo entonces una cuestión relativamente simple en lo técnico y casi gratuita en lo económico, lo que realmente queda por señalar es que lo importante es el contenido. ¿Tenemos algo útil y trascendente para publicar?

    Muchas veces, en los cursos de perfeccionamiento docente, me preguntan por qué hay tan pocos contenidos locales apropiados para el curriculo escolar. Parece ser la pregunta del huevo y la gallina, ya que si los docentes argentinos no se animan a publicar sus páginas, es muy poco probable que otros, de diferentes nacionalidades y/o intereses lo hagan, y consecuentemente Internet no se utilizará en el ámbito educativo por falta de contenidos.

    Alguno podrá objetar esto señalando que durante muchos años las editoriales tradicionales publicaron los famosos manuales que abordaban los programas oficiales, y que no era necesario «cada maestrito con su librito». Es cierto, pero también es cierto que esos manuales se vendían. Tenían (y tienen) un rédito económico. Por el contrario, la publicación de una página web, en la abrumadora mayoría de los casos (y en la casi totalidad de los de Argentina o los dedicados a la educación) no reporta beneficio económico alguno.

    Muchos colegios tienen hoy su página web. Algunas hechas por los alumnos, otras por los profesores de computación. Casi todas son institucionales: nos describen la historia de la institución, sus autoridades, los horarios, los niveles, las actividades extracurriculares, etc. Pareciera ser una cuestión de marketing, de decir «mi colegio está en la Web (y quizás consiga alguna inscripción en nuestra alicaída matrícula)». Pocos son los casos de aquellas escuelas que, además de lo institucional, han dado cabida a trabajos de investigación por parte de los alumnos y/o profesores.

    Imaginemos por un momento que, de los miles de trabajos monográficos que los profesores argentinos encargan anualmente a sus alumnos (y que en muchos casos ni se corrigen, para ser sinceros), se publicasen en la Web sólo una décima parte. Seguramente tendríamos una extraordinaria biblioteca disponible para todo aquel que se conectase a Internet. Pues bien, de eso se trata. No es utópico pensarlo, ni menos aún llevarlo a la práctica.

    Simplemente pongamos, cada uno en nuestros respectivos colegios, manos a la obra, y comencemos a desarrollar y luego publicar contenidos. Pensemos por un instante en las caras de nuestros alumnos cuando presentan sus trabajos en las Ferias de Ciencias a la consideración de los demás. El sólo hecho de «mostrarse» los hace más prolijos y cuidadosos en la realización de los trabajos. Pensemos en esa gran audiencia que es Internet, y decidámonos a hacerlo. Ahora, no lo dejemos para el próximo ciclo lectivo.


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