Número 4 - Febrero 2000

Jean-Jacques Rousseau

     Jean-Jacques Rousseau nació un 28 de Junio en Ginebra, Suiza. Huérfano de madre a los cinco años y abandonado por su padre a los diez, fue criado por sus tíos hasta que en plena adolescencia se independizó y viajó de un lado al otro para recalar en París en 1742.

   Su pensamiento filosófico se centra alrededor de las relaciones del hombre con el Estado, el conocimiento y la naturaleza. En el campo educativo, Rousseau combatió la intolerancia y la ignorancia de su tiempo, reclamando que las emociones de los niños fuesen respetadas junto con sus etapas madurativas y sus impulsos naturales. Sus ideas pedagógicas explican el constructivismo, descubren el valor de la experiencia personal y del juego en el aprendizaje, y proponen el trato afectuoso para con los niños por parte de sus maestros, pero despreciando la complacencia. Pese a todo, no encontró justificación para elevar el rol de la mujer por sobre los estándards de su tiempo, y su propuesta educativa en este sentido se nos antoja discriminatoria y anticuada.

    En lo social, atacó la política sin moral y el progreso que anula las libertades humanas. Criticó por primera vez la propiedad privada y enfatizó el valor del esfuerzo cooperativo en las relaciones sociales, proponiendo en su obra "El Contrato Social" las bases para un acuerdo consciente entre el Estado y los ciudadanos que hiciera posible una vida armónica y provechosa para todos.

   Las ideas políticas y pedagógicas de Rousseau aún hoy tienen actualidad. Su profundidad intelectual llegó a sentar los fundamentos de mucho de lo que hoy se tiene por "moderno" -con excepción del feminismo- de modo que cualquier estudio que se intente sobre el fenómeno de la educación lo tiene como obligado referente.

__________________________

Citas de Jean-Jacques Rousseau (Parte I)

l Sobre la primera infancia

     Apenas el niño ha dejado el vientre materno (...) se le imponen nuevos límites. Es envuelto con apretadas cintas, acostado con su cabeza fija, sus piernas estiradas, los brazos a los costados... Aún la cabeza es confinada a una capucha. Uno pensaría que se teme que el niño luzca como si estuviera vivo. (...) ¿No influirá tal encierro en su humor tanto como en su temperamento? Su primer sensación es una de pena y dolor. Más miserable que un criminal en cadenas, hace vanos esfuerzos, se enoja, llora. Sus primeras palabras, me dicen, son lágrimas. Lo creo. Se lo anula desde que nace. El primer regalo que recibe de nosotros son cadenas, el primer tratamiento son torturas. Teniendo sólo su voz en libertad, ¿por qué no la usaría para quejarse? Llora por el dolor que le causamos. Así envueltos, vosotros lloraríais más fuerte que él.

l Sobre los maestros

     Se discute mucho sobre las cualidades de un buen tutor. Mi primer requisito, que implica muchos más, es que se trate de un hombre que no pueda ser comprado.

     ¡Un tutor! ¡Qué alma sublime! Por cierto, para hacer un hombre se debe ser un padre o más que un hombre.

     Un (mal) tutor piensa en sus propios intereses antes que en los de su alumno; se esfuerza por mostar que no ha perdido el tiempo y que se ha ganado el dinero que le pagan. Provee a su pupilo con bienes que podrían ser fácilmente mostrados en la vidriera de un negocio, logros que pueden ser exhibidos a voluntad. No es tan importante que sean útiles, sino que sean visibles.

l Sobre los hábitos

     El único hábito que debiera permitirse a un niño es el de no contraer ninguno. Lléveselo en cualquier brazo, déjese que ofrezca cualquier mano, que use una u otra indiferentemente; procúrese que no desee dormir, comer o hacer nada a horas fijas; que no sea incapaz de estar solo de día o de noche. Prepárese desde el principio el reinado de su libertad y el uso de sus propias fuerzas permitiendo que su cuerpo dicte los hábitos naturales, poniéndolo en la condición de ser siempre dueño de sí mismo, de seguir su voluntad en todo tan pronto como tenga una.

l Sobre el lenguaje

     Para empezar, los niños tienen, por así decirlo, una gramática propia cuya sintaxis tiene más reglas generales que la nuestra. Y si uno presta atención se sorprenderá de encontrar qué tan fielmente siguen ciertas analogías, muy erradas, si se quiere, pero muy regulares.  Es una intolerable pedantería y una atención superflua al detalle ocuparse de corregir todos los pecadillos infantiles contra el lenguaje común, porque siempre se curan con el tiempo. Habladle siempre con corrección, haced que siempre esté feliz con vosotros, y asegurad que su habla se modele imperceptiblemente alrededor de la vuestra sin corregirlo.

l El contenido de la educación

    Nuestra pedante manía didáctica es siempre enseñar a los niños lo que aprenderían mejor por ellos mismos, y despreciar lo que sólo nosotros podemos enseñarles.

     Estoy muy lejos de pensar que los niños no razonan. Por el contrario, pienso que razonan muy bien respecto de las cosas que afectan su bienestar actual y su sensibilidad. Pero la gente se equivoca sobre el alcance de su información, y les atribuye un conocimiento que no poseen, y los hace razonar sobre cosas que no pueden entender.   Otro error es tratar de llamar su atención sobre asuntos que no les importan en lo más mínimo, tal como su interés futuro, su felicidad cuando crezcan, la opinión que otra gente tendrá de ellos cuando sean hombres... términos que carecen de significado para estas criaturas que no tienen capacidad de anticipación.  Pero todos los estudios de estos pobrecitos son dirigidos hacia temas absolutamente remotos para sus mentes. Uno puede imaginar cuánta atención acabarán prestándoles.

l El valor de la infancia

     La humanidad tiene su lugar en el orden de las cosas; la niñez tiene su lugar en el orden de la vida humana. El hombre debe ser tratado como hombre y el niño como niño.

     Hombres, sed humanos; esa es vuestra obligación primera. Sed humanos hacia toda condición, hacia toda edad, hacia todo lo que no es ajeno a la humanidad. ¿Qué sabiduría hallaréis fuera de la humanidad?  Amad a la niñez, promoved sus placeres, sus instintos amorosos. ¿Quién de vosotros no ha extrañado esa edad donde la risa estaba siempre en vuestros labios, y cuando el alma estaba siempre en paz? ¿Por qué privar a estos pequeños inocentes de un tiempo que se les escapará muy rápido, y de dones que nunca causan ningún daño? ¿Por qué llenar de amargura los cortos días de la niñez, días que no volverán ni para ellos ni para vosotros?

l Sobre la felicidad y los deseos

     El mundo real tiene límites, el imaginario es infinito. Siendo incapaces de agrandar el uno, disminuyamos el otro, porque es de la brecha entre ellos que surgen todos los sufrimientos que nos hacen infelices.  Excepto por la salud, la fuerza y la autoestima, todos los bienes de la vida son una cuestión opinable; excepto por el sufrimiento físico y los remordimientos de la conciencia, todos nuestros males son imaginarios.  Me diréis que esto es un saber común. Lo admito, pero su aplicación práctica no lo es.

     ¿Queréis saber cuál es la forma más segura de hacer a vuestro niño miserable? Dadle todo lo que desee; porque a medida que sus deseos aumentan en proporción a la facilidad con que son satisfechos, seréis obligado, tarde o temprano, a negar sus demandas, y este inesperado rechazo lo herirá más que la carencia de lo que desea. Primero querrá el bastón en vuestras manos, luego vuestro reloj, luego el pájaro que vuela, o la estrella que brilla sobre él. Querrá todo lo que ve. No siendo Dios, ¿cómo podríais satisfacerlo?

l Sobre la razón

     Razonar con los niños era la máxima de Locke. En nuestros días está aún más de moda. Su éxito, sin embargo, no me parece tan importante como para darle crédito; no veo nada más estúpido que esos niños con quienes la gente ha razonado demasiado.   De todas las facultades humanas, la razón es, por así decirlo, la que se compone de todas las otras; es la que se desarrolla con mayor dificultad y la última en hacerlo, ¡y aún así la queréis usar para desarrollar a las que debieran precederla!  La culminación de una buena educación es hacer un hombre razonable; ¡y queréis criar a un niño mediante la razón! Comenzáis en el extremo equivocado; hacéis del fin el medio.   Porque hablando a los niños desde su temprana edad en un lenguaje que no entienden los acostumbráis a manipular con palabras, a controlar todo lo que se les dice, a pensarse tan inteligentes como sus  maestros, a volverse argumentativos y rebeldes.

     La Naturaleza quiere que los niños sean niños antes de ser hombres. Si tratamos de pervertir este orden produciremos un fruto forzado que no tendrá ni madurez ni sabor, y que pronto se echará a perder.  La niñez tiene sus modos propios de ver, pensar y sentir. Nada es menos sensato que tratar de imponerle nuestros modos.  No se me ocurriría exigir que un niño mida un metro ochenta, tanto como que tenga buen juicio a los diez años.  En verdad, ¿de qué utilidad le sería la razón a esa edad?

l Sobre los consejos

     Basta de echar a otros vuestras culpas. Los niños se corrompen menos por lo que ven que por lo que vosotros les contáis. Con vuestra prédica interminable, vuestra moralina y pedantería, por una idea que dáis a vuestros alumnos, creyéndola buena, les dáis veinte más que son buenas para nada. Estáis llenos con lo que hay en vuestra propia mente, y falláis al no ver el efecto que produce en las de ellos.  En el flujo continuo de palabras con que los abrumáis, ¿no pensáis que no hay alguna que puedan tomar en un sentido equivocado? ¿Suponéis que ellos no hacen sus propios comentarios sobre vuestras retorcidas explicaciones, que no encuentran material para la construcción de un sistema que sí puedan entender, uno que usarán en contra vuestra tan pronto tengan la oportunidad?

l La enseñanza de la Geografía y el valor de lo concreto

     En cualquier estudio, sin la idea de lo representado los signos que lo representan no sirven para nada.  Pese a todo, uno siempre limita al niño a estos signos sin ser capaz de hacerle entender qué cosas son las que representan.  Para hacerle entender la descripción de la tierra se le muestran mapas; se le enseñan los nombres de ciudades, pueblos, ríos, que no tienen existencia salvo en el papel frente a sus ojos  (...) Afirmo que luego de dos años de trabajar con el planisferio y la cosmografía, no hay un sólo niño de diez años que pueda encontrar su camino desde París a Saint-Denis con las reglas que ha aprendido. Estos son los jóvenes doctores que pueden decirnos la posición de Pekín, Ispahan, Mexico y cada país de la tierra.

l La enseñanza de la Historia y la moral

     Si uno ve en las acciones de los hombres sólo los movimientos exteriores y puramente físicos, ¿qué se aprende de la Historia? Absolutamente nada, y este estudio, despojado de todo lo interesante, no da ni placer ni instrucción.  Si se quiere juzgar las acciones por sus motivaciones morales, trátese de hacer estas motivaciones morales inteligibles para los alumnos. Pronto descubriréis si están en la edad correcta para aprender Historia.

l Sobre el magisterio

     Joven maestro, estoy predicando un arte difícil, cual es controlar sin preceptos y hacerlo todo sin hacer nada en lo absoluto.

l   Sobre la enseñanza

     En las pedagogías más elaboradas el maestro emite sus órdenes y piensa que es el amo; pero es el niño quien en realidad manda. (...) Tomad el curso opuesto con vuestro pupilo; dejad que piense que él es el amo en tanto vosotros lo sóis (...) Su trabajo y sus juegos, sus placeres, sus dolores, ¿no están en vuestras manos sin que él lo sepa? Sin duda el deseará hacer sólo lo que quiere, pero deberá querer sólo lo que el maestro desea que él haga.  Nunca deberá tomar un camino que no hayáis anticipado; nunca abrirá su boca sin que sepáis lo que va a decir.

     Las lecciones que los estudiantes aprenden unos de otros en el patio de juegos valen cien veces más que lo que aprenden en el aula.

l Sobre la Disciplina

     Me habláis de caprichos infantiles; estáis errados. Los caprichos infantiles nunca son la obra de la naturaleza sino de la mala disciplina; han obedecido u ordenado, y como he dicho cien veces, no deben hacer ninguna de las dos cosas.  Vuestro pupilo sólo tiene los caprichos que le habéis enseñado; es justo que debáis sufrir el castigo por vuestras propias faltas.

l Sobre la obediencia y la razón

     Al tratar de persuadir a vuestros alumnos del deber de la obediencia se recurre a la fuerza y a las amenazas, o peor aún, a la adulación y los sobornos. Atraídos por el interés propio o limitados por la fuerza, ellos pretenderán haber sido convencidos por la razón.  Ven muy bien que la obediencia es ventajosa y que la desobediencia no lo es en cuanto se los descubre en una u en otra. Pero desde que vosotros les exigís siempre cosas desagradables, y desde que siempre es doloroso cumplir el deseo ajeno, se esconden para hacer lo que les place persuadidos de que hacen bien si nadie se entera de su desobediencia, y dispuestos, si son atrapados, a admitir el daño por temor a males mayores.  Como la lógica del deber está más allá de su edad, no hay hombre en el mundo que pueda hacer que la vean. El miedo al castigo, la esperanza del perdón, la dificultad para dar razones, extrae de ellos tantas confesiones como se deseen, y creéis haberlos convencido cuando en realidad sólo los habéis preocupado o atemorizado.

     Es muy extraño que desde que la gente comenzó a pensar en la crianza de los niños no se haya imaginado modo mejor de guiarlos que por la imitación, los celos, la envidia, la vanidad, la ambición, la cobardía... las peores pasiones, las más rápidas en fermentar, y las que mejor corrompen el alma aún antes de que el cuerpo se haya formado.  Con cada orden precoz que tratáis de forzar en la mente de los niños, plantáis un vicio en el fondo de sus corazones.  Los maestros insensibles piensan que están obrando maravillas al convertir a sus niños en malvados para enseñarles qué cosa es la bondad.  Y luego nos dicen seriamente: "Así es el hombre". Sí, así es el hombre que habéis creado.

Citas de "Emile", por Jean-Jacques Rousseau, Libros I y II; traducción de HMC


lapiz.gif (1310 bytes) Indice Principal | Archivo | Correo de Lectores | Anuncios | Colaboraciones
Copyright 2000, Contexto Educativo y Nueva Alejandría Internet
Todos los derechos reservados - Prohibida su reproducción total o parcial