Número 4 - Febrero 2000

Reflexión acerca de un Mito

Escribe: Graciela Estela Cabrera

     Maestra Normal Nacional y Profesora en Castellano, Literatura y Latín. Ha realizado numerosos cursos en Comunicación Social en la facultad de Ciencias de la Información de la UNC, y en Educación de Adultos en la UNC, la Universidad Católica de Córdoba y la Dirección de Ed. de Adultos del Ministerio de Educación de Córdoba. Actualmente se desempeña como Jefa del Depto. de Lengua Castellana y como profesora de Arte y Técnica de la Expresión en el TTP de la Escuela de Suboficiales de Gendarmería. Es profesora de Lengua y Literatura en el C.E.N.M.A Jesús María y coordina Talleres de Capacitación en el Área de la Comunicación, promovidos desde la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC.


    
Hay una historia que ejerce fascinación sobre mí y es acerca de la afición de Platón por los mitos. Para expresar su pensamiento filosófico apela muchas veces a ellos. Así, por ejemplo, para expresar su pensamiento de la intuición de la idea y de la dialéctica que nos conduce a depurar esa intuición, emplea el mito de la "reminiscencia". Cuenta la historia lo siguiente:

     Las almas humanas, antes de vivir en este mundo y de alojarse cada una de ellas en un cuerpo de hombre, vivieron en otro mundo, en un mundo en donde no hay hombres, ni nombres, ni cosas sólidas, ni colores, ni olores, ni amor, ni odio, ni hambre, ni injusticia... nada que transite y cambie, ni nada que fluya en el tiempo y el espacio. Vivieron en un mundo de puras esencias intelectuales, en el mundo de las ideas. Ese mundo está en un lugar que Platón, metafóricamente, llama "lugar celeste", topos uranos.

     Allí viven las almas en perpetua contemplación de las las bellezas inmarcesibles de las ideas, conociendo la verdad sin esfuerzo alguno porque la tienen intuitivamente delante; sin nacer, ni morir; en pura eternidad. Pero esas almas , de vez en cuando, vienen a la tierra y se alojan en un cuerpo humano, dándole vida. Al estar en la tierra y alojarse en un cuerpo humano, naturalmente , tiene que someterse a las condiciones en que se desenvuelve la vida en la tierra, a las condiciones de la espacialidad, de la temporalidad, del nacer y del morir, del dolor y del sufrimiento, del hambre y de la injusticia, de la insuficiencia de los esfuerzos, de la brevedad de la vida , de los desengaños, de la ignorancia y del olvido. Estas almas olvidan las ideas que conocieron cuando vivían o estaban en el topos uranos en donde moran las ideas... olvidadas de sus ideas. Están y viven en el mundo. Pero han estado antes en ese topos uranos, donde están las ideas, bastará algún esfuerzo bien dirigido, bastarán algunas preguntas bien hechas, para que desde el fondo del olvido, desde el fondo de la reminiscencia, atisben algún vago recuerdo de ellas.

    
Hasta aquí la historia... aunque continúa.

    
Tal vez...y sólo digo que tal vez, algún pedagogo se explayó y teorizó sobre "los saberes previos", basándose en este mito platónico. Tal vez...y sólo digo que tal vez, haya quienes no pueden sino elaborar teorías e ideas sobre los "debería". Pero... pero... pero... los hombres vivimos en un mundo, que mal que nos pese, es real, tangible, mixtificado. No es el mundo ideal, no es el mundo de las esencias. Es simplemente lo que es. El mundo en el que vivimos.

    
De este mito -por alguna razón están los mitos en la conciencia colectiva- inferí, creo que afortunadamente, una de las mejores formas de comunicación: nunca emitas un juicio de valor puesto que los valores son impresiones subjetivas de agrado o desagrado que las cosas producen en nosotros y que nosotros proyectamos sobre las cosas.... pero jamás gravitan en el otro.

    
El otro, mi prójimo en esta tierra, habitó -de acuerdo con el mito- en algún topo urano y tiene una "idea", no intelectualizada de lo que "es". Y debo respetarla absolutamente.

    
A un alumno lo "transporta" la música de cuarteto... Otro disfruta escribiendo sonetos rimados... Otro encuentra respuestas a sus interrogantes en Buscaglia, Bach o Louise Hay. Hay quien se "eclipsa" con la lectura de un best seller... y no falta quien se drogue o se emborrache con el peor de los vinos para volver al mundo de sus ideas o evadirse de la cruel realidad.

    
¿Qué me enseñó tanta lectura, tanta teoría, tanta intelectualización? Que hay dos tipos de luces: la luz de la vela y las luces de neón, las dos iluminan, pero tienen maneras diferentes de alumbrar. A las dos las respeto, a las dos las tengo siempre a mano. Nunca se sabe cuándo -pero siempre existe el momento- en que deberé apelar a la luz de una de ellas.
Como todas las cosas en la vida, cada luz tiene su etapa, su madurez, su instante. Y de algún modo, mi misión como docente es también alumbrar, es decir, que también debo ser luz, nunca sombra, nunca oscura soberbia de quien cree tener la verdad.

    
Si no aprendí que cualquier conato de "intelectualizar" debe de estar sometido a la vida, a la existencia concreta de quien viene, como peregrino, buscando resguardo y luz y camino...  Si no aprendí a descender del mundo inmarcesible de las ideas a la raíz de las necesidades y de las contingencias humanas... Si no aprendí a ser humilde desde mi supuesto saber, si no comprendí, si no depuse mi actitud de "intelectual" frente al corazón de mis alumnos y a su necesidad de afecto... Toda lectura fue ceniza, que en vez de hacerme Señora de la vida y profesional idónea, me convirtió en fatua habitante de la Torre de Marfil, esclava de prejuicios, incompetente como educadora, terca sembradora de alimentos digeridos...

     Pero creo no haber desprovechado las ideas que aprendí en la vida, en contacto con la gente, con lo marginal, con el miedo, con el ángelus y la agonía de cada vida, vera efigie de nuestra existencia singular; aunque a veces no entendamos sus códigos, sus velados llamados, sus sentires... sus ideas.

     Mirar las sombras desde la caverna platónica o desde la Torre de Marfil, ver la procesión que pasa, no caminar con ella, no contribuir -con la razón y el corazón- a hacer ascequibles las ideas, para incorporarlas como verdadero aprendizaje y nos ayuden a compartir con humildad, para que sean, en definitiva, faros que iluminen aún desde lejos.

     Quedarse en la contemplación, ser intelectual, intuitivo, sagaz, talentoso... y no haberle dado sapore al sapere... es como seguir contemplando las ideas-sombras desde lo más profundo de las cavernas. Es, en síntesis, haber logrado la graduación de "Enciclopedia" y no haber aprendido nada.


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