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| Número 12- Octubre 2000 |
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Franceso Tonucci nació en Fano, Italia, en 1941. Se diplomó como profesor en 1958 y, en 1963, se graduó en Pedagogía, en la Universidad Católica de Milan. A los 28 años recibió su primera distinción en ese campo y comenzó a satirizar la realidad de la escuela a través del seudónimo "Frato". Trabajó como maestro de escuela primaria y, en 1966, se convirtió en investigador en el Instituto Psicológico del Consejo Nacional de Investigación, del que -en 1982- presidió el Departamento de Psicopedagogía, que lleva adelante el programa de educación ambiental, cuyo objetivo es crear una base de datos para y por los niños. El interés de sus investigaciones se centra en el desarrollo cognitivo de los chicos, el pensamiento infantil y su comportamiento y la relación entre la congnición de los niños y la metodología educacional. En 1991 desarrolló en su pueblo natal el proyecto de Ciudad de los Niños, considerado una nueva forma de concebir la ciudad, con los niños como punto de referencia. El proyecto fue más que exitoso, extendiéndose a diversos puntos del mundo. En 1997 fue nombrado presidente del "Comité Italiano de Televisión y Menores", dedicado a la protección de los niños. Entre sus obras, se destacan: "Por una escuela alternativa", "Con ojos de niño", "Niño se nace", "Cómo ser niño", "La Ciudad de los Niños", "¿Enseñar o aprender?" y "Con ojos de maestro", entre otros. Citas l Las enseñanzas escolares producen conociminetos "paralelos" respecto a los de la vida real; paralelos porque sirven únicamente en la escuela, para repetirlos en caso de control, pero difícilmente utilizables y transformables en habilidades, en instrumentos, en competencias y, por tanto, en comportamientos. Se aprenden muchas cosas pero se continúa viviendo como si no se conocieran. l La escuela tiene que renunciar a un monopolio que no le corresponde, que no es capaz de garantizar y qure la expone a una serie de contradicciones. Debe reencontrar su función específica, por otra parte insustituible, que consiste en permitir que un grupo de alumnos, en dinámica confrontación y cooperación recíproca, junto con adultos competentes, en un lugar adecuado, desarrollen a los máximos niveles posibles las capacidades cognitivas de cada uno, elaborando sus propias experiencias y utilizando todos los lenguajes y todas las dimensiones de su propia personalidad. l La escuela puede asumir un papel específico si el tejido social consigue modificarse adecuadamente, descargándola de sus múltiples funciones accesorias. l Para ello hace falta un proyecto educativo integrado, que prevea la propuesta y la organización de experiencias significativas fuera de la escuela, a cargo de entidades no escolares y con características absolutamente no escolares. l La escuela posee una fuerte capacidad corruptora que, a menudo no es fruto de la escuela misma sino de las interpretaciones de los organizadores de servicios externos. l La escuela es una estructura poderosa porque representa millones de individuos y la utilización de un servicio por arte de la escuela justifica las cargas que el servicio conlleva, gratificando al administrador que lo ofrece. l El aspecto más grave e importante del problema, que más caracteriza las incongruencias de la profesión docente y que más difícilmente podría modificarse mediante intervencines organizativas y económicas, es lo que podría definirse como "círculo vicioso". El docente es el único trabajador que pasa sin solución de continuidad de la formación a la profesión: pasa del estatus de estudiante al de profesor sin salir de la escuela. l (...) Podemos afirmar en definitva, que la profesión docente no es apetecible y por consiguiente no competitiva, pero puede ser cómoda. l El médico, el técnico, la secretaria que pasan de la formación inicial a su puesto de trabajo respectivo, están obligados a una comprobación. El profesor no vive este momento de la verificación porque sería absurdo que la formación apenas recibida fuera considerada, por la misma institución que la ha dado, inadecuada para los nuevos alumnos; la escuela es, pues, escenario de autolegitimación. l La enseñanza gasta, empobrece, tiende a hacerse repetitiva: es importante que el profesor (quizás el que se lo merezca) pueda dejar la escuela durante un tiempo preestablecido para dedicarse a actividades diferentes de la enseñanza: año sabático (...). l El futuro profesor debería vivir una parte importante de su tiempo en una clase, posiblemente del nivel para el cual se está preparando, al lado del mismo maestro, durante un período suficientemente largo. No cabe duda de que un médico antes de terminar su fase de preparación debe pasar mucho tiempo en un hospital en régimen de prácticas. l La atención, la participación, el espíritu de observación del maestro respecto de sus alumnos le permite respetar sus intereses sin renunciar al deber profesional de programar el trabajo escolar. l La enseñanza no produce, o al menos no garantiza, el aprendizaje. - Citas Extraídas del libro "¿Enseñar o Aprender?", de Francesco Tonucci - |
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