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Número 12 - Octubre 2000 |
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Es natural que quienes han sido avasallados por esa enajenación ideológica ya no puedan esperar nada bueno de la escuela pública porque, en la medida en que la izquierda revolucionaria ha sido derrotada en todo el planeta y el consumismo capitalista se ha implantado sin oposición alguna en todos los rincones del planeta (que es lo que ellos llaman "globalización"), esa institución ha caducado como instrumento de control y sometimiento de la población y, por tanto, ha perdido su justificación económico-política. Entonces, su supervivencia no puede ser más que un gasto ineficiente que debe ser liquidado mediante el mecanismo infalible del mercado; entregar la misión educativa a empresarios que se sometan incondicionalmente al juicio del mercado de manera que el gasto se racionalice y la calidad se controle mediante el inapelable mecanismo de las utilidades líquidas trimestrales para los empresarios idóneos. Arduo es, pues, el camino que debemos recorrer los maestros consecuentemente comprometidos con la pedagogía y con la causa popular. Para nosotros, la escuela no es un instrumento de control sino un derecho universal e inaplazable de la niñez. Y si es un derecho universal, es una obligación ineludible de la sociedad en su conjunto; obligación sin contraprestación, sin rédito. No se le brinda una escuela a los niños *para* que aprendan sino *porque* son niños. El aprendizaje es el contenido natural de la infancia y, por tal razón, la escuela se construye con aprendizajes; pero es absurdo y alienante someter a los niños a la férula de los aprendizajes para que los inversionistas consideren razonablemente retribuida su inversión. Asímismo, la escuela es pública no porque sea financiada por el Estado sino que es y debe ser financiada por el Estado porque es pública. La escuela es pública porque materializa un derecho fundamental y universal de la población; porque se consagra al servicio de los intereses de la sociedad y no al servicio de la utilidad particular del capital. En fin, la calidad de la escuela pública no tiene nada que ver con la reducción de sus costos sino con el enriquecimiento continuo de los procesos de enseñanza que imparte. No se trata, pues, de rebajar el costo sino de cualificar el gasto, es decir, de gastar más en los vectores directos de la enseñanza y menos en los factores asociados. Todos estos asuntos son, por lo visto, bastante abstractos. Hay que traducirlos a consignas y aspiraciones bien concretas que nos permitan a los maestros asumir la responsabilidad de encabezar, alentar y conducir un vigoroso movimiento popular hacia la conquista de una escuela pública de calidad. Hay que definir en pocas palabras, pero palabras cargadas de fuerza y de esperanza popular, qué es lo que entendemos por *escuela pública de calidad* para enfrentar y derrotar de verdad el avasallamiento ideológico de que la única escuela de calidad es la que se rige por los parámetros "autogestionarios" de la empresa capitalista. Esta carta fue enviada por el Prof. García Posada a LIEdu (Lista de Información Educativa) en ocasión de un debate público sobre la situación educativa en Hispanoamérica. Por su importancia y claridad de conceptos, solicitamos a su autor permiso de publicación para ubicarla como Editorial de este número de Contexto Educativo, el cual fue gentilmente concedido y agradecemos calurosamente. (N.del.Ed). |
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