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| Número 2 - Diciembre 1999 |
Friedrich Fröbel fue alumno de Pestalozzi entre 1801 y 1810. De su contacto con el gran pedagogo extrajo muchas enseñanzas, a las que agregó su particular visión religiosa y cuatro conceptos fundamentales: la libre expresión del alumno, el estímulo de su creatividad, de su participación social y de su motricidad. Sobre estas bases comenzó a trabajar, enfocado principalmente en la etapa pre-escolar, y consecuente con su formación en Ciencias Naturales concibió este espacio como un "jardín" donde el niño debía ser "cultivado" en condiciones seguras y controladas. Así fue que Fröbel se convirtió en el Padre del Kindergarten cuando en 1837 fundó su primera casa de estudios en Blakenburg, Alemania. Para sostener la educación en un ambiente lúdico, Fröbel puso especial cuidado en la capacitación de maestros de buen carácter, amistosos y accesibles para los niños, enfatizando su capacidad para transmitir el simbolismo profundo de la educación en cada una de sus acciones. El gobierno prusiano, como era previsible, vio con desagrado esta iniciativa cargada de "liviandad", y prohibió los Kindergarten en 1848. Cuatro años después moría Fröbel, pero su idea fue llevada a los EEUU por emigrantes alemanes. Pronto, Margarethe Schurz abrió una réplica del original en Watertown, Wisconsin, dedicada a enseñar a niños alemanes inmigrantes. En 1873, William T. Harris, superintendente de escuelas en St. Louis, incorporó el sistema a la educación pública de su jurisdicción, y a partir de allí el concepto y la práctica del Kindergarten se esparcieron por el mundo entero. l Nada llega sin un conflicto. La lucha no crea nada por sí misma, sólo limpia el aire. Deben plantarse nuevas semilas para que germinen y crezcan, si es que queremos que florezca el árbol de la humanidad. No podemos arrancar el presente del pasado o del futuro. Pasado, presente y futuro son la Trinidad del tiempo. ¡En los niños están las semillas del futuro! l Los niños son como pequeñas flores; son variados y necesitan atención, pero cada uno es hermoso solo, y glorioso cuando se encuentra en comunidad con sus pares. l Para responder a la pregunta "cuál es el propósito de la educación", comencé partiendo de la observación del hombre que vive en un mundo de objetos que lo influencian y a los que él quiere influír, y por lo tanto este hombre debe conocer estos objetos en sus características, en su esencia y en su relación con otros objetos y con la humanidad. l El juego es la más alta forma del desarrollo humano en la niñez, porque es en sí mismo la más libre expresión de lo que habita en el alma del niño. l El destino de las naciones descansa mucho más en las manos de las mujeres, las madres, que en las de los poseedores del poder, o en las de aquellos innovadores que en su mayoría ni siquiera se entienden a sí mismos. Debemos cultivar a las mujeres, que son las educadoras de la raza humana, o la nueva generación nunca podrá cumplir su destino. l Un niño que juega y trabaja a pleno, con perseverancia, hasta que la fatiga física le impide continuar, seguramente será una persona determinada, activa y capaz de grandes sacrificios. l La unión de la familia y la escuela es un requisito indispensable para la educación... si es que los hombres quieren librarse alguna vez de la carga opresiva y vacua del mero conocimiento que se comunica tan sólo para ser acumulado en la memoria. l Sólo el tranquilo y aislado santuario de la familia puede devolver a la humanidad su bienestar. l Protejamos a la nueva generación: no los dejemos crecer en el vacío y la nada para eludir el trabajo duro, para la introspección y el análisis sin acciones o para los actos mecánicos sin pensamiento ni consideración. Guiemos a los jóvenes lejos de la búsqueda dañina de las cosas exteriores y del malsano amor por la distracción. |
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