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| Número 1 - Noviembre 1999 |
"Y así descubrimos que la educación no es algo que haga el maestro, sino que es un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano. No se adquiere escuchando palabras, sino en virtud de las experiencias que el niño realiza en su medio ambiente. La tarea del maestro no es hablar, sino preparar y organizar una serie de motivos para la actividad cultural en un ambiente especialmente preparado para el niño". l Sobre los programas educativos A menudo la educación de los niños consiste en volcar en su inteligencia el contenido intelectual de los programas escolares. Y a menudo estos programas han sido compilados en el departamento oficial de educación y su uso es impuesto por ley sobre el maestro y el niño. ¡Ah, ante tan denso y obcecado desprecio por la vida que está creciendo dentro de estos niños, deberíamos ocultar nuestras cabezas con vergüenza y cubrir con las manos nuestros culpables rostros! l Sobre la disciplina "La disciplina debe surgir de la libertad. He aquí un gran principio que no logran entender los seguidores de los métodos escolares tradicionales. ¿Cómo obtener disciplina en una clase de niños libres? En nuestro sistema, por cierto, tenemos un concepto de disciplina muy distinto del que comúnmente se acepta. Si la disciplina se funda en la libertad, la disciplina misma debe ser necesariamente activa. No consideramos a un individuo disciplinado sólo cuando se lo ha reducido artificialmente al silencio como a un mudo, o inmóvil como un paralítico. Éste es un individuo aniquilado, no disciplinado. Llamamos a un individuo disciplinado cuando es dueño de sí mismo, y puede, por lo tanto, regular su propia conducta cuando resulte necesario para seguir alguna norma de vida". l Sobre los límites "La libertad del niño debe tener como límite el interés colectivo, y como forma lo que universalmente consideramos 'buen comportamiento'. Debemos, por lo tanto, controlar en el niño todo lo que ofenda o moleste a otros, o cualquier cosa que apunte hacia actos rudos o de mal gusto". l Sobre los premios y los castigos "... Quien ejecuta un trabajo verdaderamente humano, quien hace algo realmente grande y victorioso, nunca es alentado en su tarea por esas vanas atracciones que reciben el nombre de "premios", ni por el miedo a esos minúsculos males que llamamos "castigos". Si en una guerra un ejército de gigantes pelease sin otra inspiración que no fuese el deseo de promoción, honores y medallas, o por miedo a ser heridos; si tales hombres se opusieran a un puñado de pigmeos inflamados de amor por su tierra, la victoria sería para estos últimos. Cuando el heroísmo ha muerto en un ejército, los premios y los castigos no logran sino completar el deterioro, trayendo corrupción y cobardía. Todas las victorias humanas, todo el humano progreso, se basan en la fuerza interior". l Sobre la individualidad "No podemos conocer las consecuencias de sofocar una acción espontánea en un tiempo en el cual el niño recién comienza a ser activo: tal vez sofoquemos la vida misma. La humanidad se muestra a sí misma en todo su esplendor intelectual durante esta tierna edad como el sol se muestra en la alborada, como la flor que abre sus pétalos; y debemos respetar religiosamente, reverentemente, estas primeras señales de individualidad. Si un acto educativo pretende ser eficaz, lo será sólo aquél que tienda a asistir al desarrollo de esa vida. Es necesario evitar rigurosamente impedir los movimientos espontáneos y no imponer tareas arbitrarias. Se entiende, por supuesto, que no hablamos aquí de actos inútiles o peligrosos, ya que éstos deben ser suprimidos, destruídos". l Sobre el orden en la clase "Sentar a los niños en filas, como en las escuelas comunes, y asignarle a cada pequeño un lugar, y proponer que así se queden sentados en observación del orden de la clase como en una asamblea, ésto puede obtenerse más tarde, al comienzo de la educación colectiva. Porque también en la vida sucede a veces que debemos quedarnos sentados y quietos, cuando, por ejemplo, asistimos a un concierto o a una disertación. Y sabemos bien que incluso para nosotros, como adultos, ésto no se hace sin sacrificio. Si podemos -cuando hemos establecido la disciplina individual- enviar a cada uno a su propio sitio, en orden, tratando de hacerles entender que es una buena cosa estar ubicados así; que hay entonces un orden agradable en el cuarto, este ajuste ordenado y tranquilo de su parte, quedándose en sus sitios quietos y silenciosos, será el resultado de una especie de lección, no de una imposición". l Sobre la independencia personal "Que no hayamos asimilado acabadamente el concepto de la palabra independencia se debe a que la forma social en la que vivimos todavía es servil. Nuestros sirvientes no son nuestros dependientes; antes bien somos nosotros quienes dependemos de ellos. No es posible aceptar universalmente como parte de nuestra estructura social tan profundo error humano sin sentir sus efectos bajo la forma de una inferioridad moral. Muy a menudo creemos ser independientes nada más que porque nadie nos manda, o porque mandamos a otros, pero el noble que necesita llamar a un sirviente en su ayuda realmente es dependiente por causa de su propia inferioridad. Cualquier nación que acepta la idea de la servidumbre y cree que es ventajoso que el hombre sirva al hombre, admite la servidumbre como si fuera un instinto, y en verdad somos propensos a entregarnos muy fácilmente al servicio más obsecuente, dándole nombres complacientes como cortesía, buena educación, caridad. En realidad, el que es servido ve su independencia limitada. Este concepto debe ser el cimiento de la dignidad futura del hombre: "No deseo ser servido, porque no soy un impotente". Y esta idea debe ser conquistada antes de que los hombres puedan sentirse verdaderamente libres". l Sobre la lección "... la brevedad debe ser una de sus principales características. Dante nos da un excelente consejo a los maestros cuando dice "Sean tus palabras contadas". Cuanto más cuidadosamente eliminemos palabras innecesarias, más perfecta será la lección. Y al preparar sus lecciones, la maestra debe prestar especial atención a este punto, contando y pesando el valor de las palabras que va a pronunciar". l Sobre la misión del educador "Estimular la vida -dejándola libre para desarrollarse, para desenvolverse- he aquí la primera tarea del educador. En tan delicada empresa, un gran arte nos debe sugerir el momento y limitar nuestra intervención, de modo que no haya ninguna perturbación, no se cause ninguna desviación, sino que en cambio ayudemos al alma que surge a la plenitud de la vida, y que habrá de vivir por su propia fuerza". "Ésta es nuestra obligación hacia el niño: darle un rayo de luz, y seguir nuestro camino". Citas de "El Método Montessori" y "La Mente Absorbente", de María Montessori |
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